viernes, 5 de septiembre de 2008
El mito del judío errante
Gilad Atzmon
Palestine Think Tank
El historiador Shlomo Sand, profesor de la Universidad de Tel Aviv, inicia su brillante estudio del nacionalismo judío citando a Karl W. Deutsch: “Una nación es un grupo unido por un error común sobre su origen y una hostilidad colectiva hacia sus vecinos” [1].
Por muy simple o incluso simplista que parezca, esa cita resume con elocuencia el producto de la imaginación que yace enredado en el nacionalismo judío moderno y, sobre todo, en el concepto de identidad judía. Es obvio que señala con el dedo el error colectivo que los judíos tienden a cometer cada vez que se refieren a su “ilusorio pasado colectivo” y a su “origen colectivo”. De una misma tacada, la lectura del nacionalismo que hace Deutsch arroja luz sobre la hostilidad que por desgracia corre parejas en casi cada grupo judío con respecto a la realidad que lo rodea, ya sea humana o adopte la forma de territorio. Mientras que la brutalidad con que los israelitas tratan a los palestinos es ya algo sobradamente conocido, el áspero tratamiento que los israelíes reservan para su “tierra prometida” y su paisaje sólo empieza ahora a revelarse. El desastre ecológico que los israelíes van a dejar tras ellos será la causa del sufrimiento de muchas generaciones futuras. Dejando aparte el muro megalomaníaco que divide la tierra santa en enclaves de depravación y hambruna, Israel se las ha arreglado para contaminar sus principales ríos y arroyos con desechos nucleares y químicos.
When And How the Jewish People Was Invented [Cuándo y cómo fue inventado el pueblo judío] es un estudio escrito por el profesor Shlomo Sand, un historiador israelí. Se trata del estudio más serio jamás publicado sobre el nacionalismo judío y, de lejos, el análisis más valiente del discurso histórico judío.
En su libro, Sand se las arregla para probar fuera de toda duda razonable que el pueblo judío no existió nunca como “raza-nación” y nunca compartió un origen común. Muy al contrario, se trata de una colorida mezcla de grupos que en varias etapas de la historia adoptaron la religión judía.
En el caso de que el lector siga la línea de pensamiento de Sand y llegue a preguntarse, ¿cuándo fue inventado el pueblo judío?, la respuesta de Sand es bastante simple: “En algún momento del siglo XIX, algunos intelectuales de origen judío en Alemania, influenciados por el carácter folclórico del nacionalismo alemán, se impusieron la tarea de inventar ‘retrospectivamente’ un pueblo, ansiosos por crear un pueblo judío moderno.” [2].
De acuerdo con esto, el “pueblo judío” es una noción artificial formada por un pasado ficticio e imaginario con muy poca sustancia que lo respalde desde los puntos de vista forense, histórico o textual. Además, Sand –que utilizó fuentes iniciales de la antigüedad– llega a la conclusión de que el exilio judío es también un mito y de que es mucho más probable que los palestinos actuales sean los descendientes del antiguo pueblo semita de Judea/Canaán en vez de la multitud de asquenazíes de origen kazario a la que él reconoce pertenecer.
Lo sorprendente es que, a pesar de que Sand ha logrado desmantelar la noción de “pueblo judío”, de que destruye la noción de “pasado colectivo judío” y ridiculiza el ímpetu chovinista nacional judío, su libro es un bestseller en Israel. Este hecho, por sí mismo, puede sugerir que aquellos que se llaman a sí mismos “pueblo del libro” están ahora empezando a enterarse de las engañosas y devastadoras posturas e ideologías que los han convertido en eso que Khalid Amayreh y muchos otros consideran como los “nazis de nuestro tiempo”.
Hitler triunfó
Con mucha frecuencia, cuando se le pregunta a un judío laico y cosmopolita qué es lo que lo convierte en judío, suele replicar masticando una vacía respuesta: “Fue Hitler quien me hizo judío”. Incluso si el judío cosmopolita, que es internacionalista, critica las inclinaciones nacionalistas de otros pueblos, insiste en seguir manteniendo su propio derecho a la “autodeterminación”. Sin embargo, no es él quien dirige esta exigencia de orientación nacional, sino el diablo, ese monstruo antisemita llamado Hitler. Según parece, el judío cosmopolita celebra su derecho al nacionalismo siempre que pueda echarle la culpa a Hitler.
En lo que respecta al judío laico cosmopolita, Hitler triunfó. Sand se las arregla para poner de relieve esta paradoja. Con mucha perspicacia sugiere que “mientras que en el siglo XIX referirse a los judíos como una ’identidad racial distinta’ era un signo de antisemitismo, en el Estado judío esta otredad está mental e intelectualmente arraigada [3]. En Israel, los judíos celebran su diferencia y sus condiciones únicas. Además, dice Sand, “hubo momentos en Europa en los que era posible ser tachado de antisemita por decir que todos los judíos pertenecen a una nación distinta. Hoy en día, el hecho de decir que los judíos no han sido nunca y siguen sin ser un pueblo o una nación hace que a uno lo califiquen de odiador de judíos.” [4].
Resulta bastante sorprendente que el único pueblo que ha logrado mantener una identidad nacional racialmente orientada, expansionista y genocida, la cual no se diferencia en nada de la ideología étnica nazi, sean los judíos, que fueron, entre otros, las principales víctimas de la ideología y la práctica nazis.
Nacionalismo en general y nacionalismo judío en particular
Louis-Ferdinand Celine mencionó que durante la Edad Media, entre las guerras, los caballeros cobraban un alto precio por estar dispuestos a morir en nombre de sus reinos, mientras que en el siglo XX los jóvenes no dudan en morir en masa, pero sin pedir nada como recompensa. Para poder comprender este cambio en la conciencia de masas es necesario un modelo metodológico elocuente que nos permita descifrar en qué consiste el nacionalismo.
Al igual que Karl Deutsch, Sand considera la nacionalidad como un discurso fantasmático. Es un hecho establecido que los estudios antropológicos e históricos de los orígenes de diferentes “pueblos” y “naciones” conducen a la embarazosa desintegración de cualquier etnia o identidad étnica. De ahí que resulte interesante encontrar que los judíos tienden a tomarse muy en serio su propio mito étnico. La explicación puede ser simple, tal como Benjamin Beit Halachmi señaló hace años. El sionismo estaba ahí para transformar la Biblia, que de texto espiritual pasó a ser un “acto notarial”. Por eso, la verdad de la Biblia o de cualquier otro elemento del discurso histórico judío tiene poca importancia siempre que no interfiera con la causa o con la práctica política nacional de los judíos.
Puede suponerse que la ausencia de un claro origen étnico no impide que la gente tenga el sentimiento de pertenencia étnica o nacional. El hecho de que los judíos estén lejos de ser un pueblo y de que la Biblia sea un texto de muy limitada verdad histórica no impide que generaciones de israelíes y judíos se identifiquen con el rey David o con el gigante Sansón. Está claro que la ausencia de un origen étnico inequívoco no impide que la gente se considere parte de un pueblo. De manera similar, tampoco impide que el judío nacionalista tenga el sentimiento de pertenencia a una gran colectividad abstracta.
En los años setenta, Shlomo Artzi, que entonces era un joven cantante israelí a punto de convertirse en la mayor estrella del rock de Israel, grabó una canción que alcanzó un éxito multitudinario en cuestión de horas. He aquí los primeros versos:
De repente
Un hombre se despierta
Por la mañana
Siente que es pueblo
Y echa andar
Y a todo el que se le cruza
Le dice shalom
Hasta cierto punto Artzi expresó inocentemente en sus versos la brusquedad y la casi eventualidad de la transformación de los judíos en un pueblo. Sin embargo, de forma simultánea Artzi contribuyó a la ilusión del mito nacional de la nación que busca la paz. A aquellas alturas Artzi debería haber sabido ya que el nacionalismo judío era un acto colonialista a expensas del pueblo autóctono palestino.
Según parece, el nacionalismo, la pertenencia nacional y el nacionalismo judío en particular son objeto de una importante tarea intelectual. Resulta interesante que los primeros en analizar teórica y metódicamente los asuntos relativos al nacionalismo fueran ideólogos marxistas. Aunque el propio Marx no logró encontrar una respuesta adecuada, el auge de las exigencias nacionalistas durante el siglo XX en la de Europa oriental y central pilló desprevenidos a Lenin y Stalin.
La contribución marxista al estudio del nacionalismo puede considerarse como el foco que ilumina la profunda relación existente entre el auge de la libre economía y el desarrollo del Estado nacional [5]. De hecho, Stalin resumió la posición marxista: “La nación”, dijo, “es una sólida colaboración entre seres, históricamente creada y formada de acuerdo con cuatro fenómenos compartidos: la lengua, el territorio, la economía y la significación psíquica...” [6].
Como era de esperar, el intento materialista marxista de comprender el nacionalismo carece de una visión histórica adecuada. En ausencia de ésta se basa en la lucha de clases. Por razones obvias, esta visión fue muy popular entre quienes creen en el “socialismo de una nación”, entre los cuales podemos incluir a los proponentes de una rama izquierdista del sionismo.
Para Sand, el nacionalismo evolucionó a causa del “éxtasis creado por la modernidad, que escinde a la gente de su pasado inmediato” [7]. La morbilidad creada por la urbanización y la industrialización pulverizó el sistema jerárquico social, así como la continuidad entre pasado, presente y futuro. Sand señala que antes de la industrialización el campesino feudal no sentía necesariamente la necesidad de un discurso histórico de imperios y reinos. El sujeto feudal no necesitaba un abstracto discurso histórico de amplias colectividades, que tenían muy poca importancia para la necesidad existencial inmediata y concreta. “Sin una percepción de progresión social, se las arreglaba bien con un relato religioso imaginario que contenía un mosaico de memoria sin dimensión real de un tiempo que avanza. El ‘fin’ era el principio y la eternidad hacía de puente entre la vida y la muerte.” [8]. En el mundo urbano moderno y laico, el “tiempo” se había convertido en el principal navío de la vida que ilustra un sentido simbólico imaginario. El tiempo histórico colectivo se había convertido en el ingrediente elemental de lo personal y lo íntimo. El discurso colectivo da forma a la significación personal y a lo que parece ser “real”. Por mucho que gentes banales sigan insistiendo en que “lo personal es político”, sería mucho más inteligible afirmar que en la práctica sucede lo contrario. En la condición posmoderna, lo político es personal y el sujeto es hablado en vez de hablar por sí mismo. La autenticidad es un mito que se reproduce a sí mismo bajo la forma de un identificante simbólico.
La lectura que hace Sand del nacionalismo como producto de la industrialización, la urbanización y la laicidad tiene mucho sentido si se considera la sugerencia de Uri Slezkin, según la cual los judíos son los “apóstoles de la modernidad”, la laicidad y la urbanización. Si los judíos se encontraron a sí mismos en el centro de la organización y de la laicidad no debería sorprendernos que los sionistas fuesen bastante creativos, como cualquier otro, a la hora de inventar su propio relato imaginario colectivo y fantasmático. Sin embargo, al insistir en su derecho a ser “como cualquier otro pueblo”, los sionistas han logrado transformar su pasado colectivo imaginario en un programa global, expansionista y despiadado y en la mayor amenaza contra la paz del mundo.
No existe una historia judía
Es un hecho establecido que entre el siglo I y principios del XIX no se escribió ningún texto histórico judío. El hecho de que el judaísmo se base en un mito histórico religioso puede tener algo que ver con esto. La tradición rabínica no se preocupó nunca de investigar adecuadamente el pasado judío. Es probable que una de las razones sea la ausencia de necesidad de proceder a un esfuerzo metódico. Para los judíos que vivían en tiempos antiguos y en la Edad Media, la Biblia estaba ahí para responder las preguntas más relevantes relacionadas con la vida diaria, la significación y el destino judíos. Tal como señala Shlomo Sand, “el tiempo cronológico laico era ajeno al ‘ tiempo de la diáspora’, determinado por la espera de la llegada del Mesías”.
Sin embargo, a la luz de la laicidad, la urbanización y la emancipación alemanas y a causa de la menor autoridad de los líderes rabínicos, surgió la necesidad de una causa alternativa entre los nacientes intelectuales judíos. El judío emancipado se preguntaba quién era, de donde venía. También empezó a especular que su función podría estar en el interior de una sociedad europea cada vez más abierta.
En 1820 el historiador judío alemán Isaak Markus Jost (1793-1860) publicó la primera obra histórica seria sobre los judíos, titulada The History of the Israelites. Jost evitó los tiempos bíblicos, prefirió iniciar su viaje con el reino de Judea y también compiló un discurso histórico de las diferentes comunidades judías del mundo. Jost se dio cuenta de que los judíos de su tiempo no formaban una continuidad étnica. Intuyó que los israelitas de distintos lugares eran diferentes. De ahí que pensase que no había nada en el mundo que pudiese impedir la total asimilación de los judíos. Jost creía que en el interior del espíritu ilustrado, tanto los alemanes como los judíos darían la espalda a la opresiva institución religiosa y formarían una saludable nación basada en un creciente sentido de pertenencia geográficamente orientado.
Aunque Jost era consciente del desarrollo del nacionalismo europeo, sus seguidores judíos estaban bastante descontentos con su optimista lectura liberal del futuro judío. “A partir del historiador Heinrich Graetz, los historiadores judíos empezaron a dibujar la historia del judaísmo como la de una nación que había sido un “reino”, que fue expulsada al “exilio” y que se convirtió en un pueblo errante que terminaba por regresar a su tierra natal” [9].
Para el difunto Moses Hess lo que definiría la forma de Europa era una lucha racial más que una lucha de clases. En consonancia, sugirió, más valdría que los judíos reflexionasen sobre su herencia cultural y su origen étnico. Para Hess, el conflicto entre judíos y gentiles era el producto de la diferenciación racial, es decir, algo inevitable.
El camino ideológico que va desde la orientación racista pseudocientífica de Hess y el historicismo sionista es bastante obvio. Si los judíos son una entidad racial distinta (tal como creían Hess, Jabotinsky y otros), lo mejor que pueden hacer es dirigirse a su patria natural, y ésta no es otra que Yeretz Yisrael. Está claro que el razonamiento de Hess con respecto a una continuidad racial carecía de base científica. Con vistas a mantener el emergente discurso fantasmático, era necesario erigir un mecanismo orquestado de negación para asegurarse de que algunos hechos embarazosos no interfiriesen con la emergente creación nacional.
Sand sugiere que el mecanismo de negación fue algo orquestado y muy bien planeado. La decisión de la Universidad Hebrea en los años treinta de separar la Historia Judía y la Historia General en dos departamentos distintos fue algo más que un asunto de conveniencia. El logos que subyace a esta división es una ojeada en la autorrealización judía. Para los universitarios judíos, la condición y la psique judías eran algo único que debía estudiarse por separado. Al parecer, incluso en el interior del entorno académico hebreo los judíos, su historia y la percepción de sí mismos tienen reservado un estatus supremo. Tal como Sand perspicazmente desvela, en los departamentos de Estudios Judíos el investigador está disperso entre lo mitológico y lo científico, mientras que el mito mantiene su primacía, lo cual hace que a menudo se atasque en un dilema provocado por “pequeños hechos tortuosos”.
El nuevo israelita, la Biblia y la arqueología
En Palestina, los nuevos judíos, más tarde israelíes, estaban determinados a reclutar el Antiguo Testamento y transformarlo en el código amalgamado del futuro judío. La “nacionalización “de la Biblia estaba ahí para implantar en los jóvenes judíos la idea de que son los descendientes directos de sus grandes antepasados antiguos. Teniendo en cuenta que la nacionalización era un movimiento ampliamente laico, se extirpó el significado espiritual y religioso de la Biblia, que pasó a ser considerada como un texto histórico que describía una cadena real de acontecimientos en el pasado. Los judíos que habían logrado matar a su Dios aprendieron a creer en sí mismos. Massada, Sansón y Bar Kochva se convirtieron en discursos suicidas. A la luz de sus heroicos antepasados, los judíos aprendieron a amarse a sí mismos tanto como odian a los demás, excepto que esta vez poseían la capacidad militar de infligir un dolor real a sus vecinos. Más preocupante era el hecho de que en vez de una entidad sobrenatural –es decir, Dios– que les ordenaba invadir un territorio, llevar a cabo un genocidio y robar la “Tierra Prometida” a sus habitantes autóctonos, en su renacido proyecto nacional eran ellos mismos, Herzl, Jabotinsky, Weitzman, Ben Gurion, Sharon, Peres, Barak, quienes decidieron expulsar, destruir y matar. En vez de Dios, eran los judíos quienes mataban en nombre del pueblo judío. Lo hicieron con símbolos judíos decorando sus aviones y sus tanques. Siguieron las órdenes que se les daban en la lengua recién restaurada de sus antepasados.
Lo sorprendente es que Sand, que es sin duda alguna un lúcido historiador, no mencione que el secuestro sionista de la Biblia fue de hecho una desesperada respuesta judía al temprano romanticismo alemán. Sin embargo, por muy ideológica y estéticamente excitados que estuviesen los filósofos, poetas, arquitectos y artistas alemanes por la Grecia presocrática, sabían muy bien que ellos no eran exactamente hijos e hijas del helenismo. El nacionalista judío dio un paso más lejos, se integró en una cadena sanguínea fantasmática con sus míticos antepasados al poco tiempo de haber restaurado su lengua antigua. De ser una lengua sagrada, el hebreo se había convertido en una lengua hablada. El temprano romanticismo alemán nunca llegó tan lejos.
Los intelectuales alemanes durante el siglo XIX eran también perfectamente conscientes de la distinción entre Atenas y Jerusalén. Para ellos, Atenas era lo universal, el capítulo épico de la humanidad y el humanismo. Jerusalén era, por el contrario, el gran capítulo de la barbarie tribal. Jerusalén era una representación de un Dios despiadado, banal, no universal y monoteísta, capaz de matar a ancianos y a lactantes. La era romántica alemana inicial nos legó a Hegel, Nietzsche, Fichte y Heidegger y a unos cuantos judíos que se odiaban a sí mismos, entre los cuales el más importante fue Otto Weininger. Los jerusalenitas no nos legaron ni un solo pensador ideológico. Algunos académicos judíos alemanes de segunda categoría trataron de predicar Jerusalén en la exedra germánica, entre ellos Herman Cohen, Franz Rosenzveig y Ernst Bloch. Obviamente, no llegaron a darse cuenta de que los románticos alemanes iniciales despreciaban las huellas de Jerusalén en la cristiandad.
En su esfuerzo por resucitar a “Jerusalén”, se acudió a la arqueología para que proporcionara una base “científica” necesaria al epos sionista. La arqueología estaba ahí para unificar el tiempo bíblico con el momento de la reinstauración. Es probable que el momento más sorprendente de esta extraña tendencia ocurriese en 1982 con la “ceremonia del entierro militar” de los huesos de Shimon Bar Kochva, un rebelde judío que había muerto 2000 años antes. Dirigido por el rabino militar en jefe, se procedió al entierro militar de unos cuantos huesos encontrados en una cueva cerca del Mar Muerto. En la práctica, los supuestos restos de un rebelde judío del siglo I fueron tratados como si fuese una baja del ejército israelí. Estaba claro que la arqueología tenía una función nacional, había sido reclutada para consolidar el pasado y el presente, dejando fuera al Galut, el exilio judío.
Lo sorprendente es que no pasó mucho tiempo antes de que las cosas dieran un giro completo. Conforme la investigación arqueológica se fue independizando del dogma sionista, la embarazosa verdad salió a la luz. Era imposible demostrar la veracidad del relato bíblico con hechos forenses. De hecho, la arqueología refuta la historicidad del argumento bíblico. Las excavaciones revelaron este incómodo hecho. La Biblia es un compendio de innovadora literatura de ficción.
Tal como señala Sand, la historia bíblica primigenia está impregnada de filisteos, arameos y camellos. Lo embarazoso es que las excavaciones demuestran que los filisteos no aparecieron en la región antes del siglo XII a. de J.C.; los arameos un siglo después y los camellos no mostraron sus caras joviales antes del siglo VIII. Estos hechos científicos sumieron a los investigadores sionistas en una grave confusión. Sin embargo, para algunos académicos no judíos, como Thomas Thompson, estaba bastante claro en la Biblia es un “conjunto tardío de innovadora literatura escrita por un talentoso teólogo” [10]. La Biblia parece ser un texto ideológico que estaba ahí para servir a una causa social y política.
Lo peor es que en el Sinaí no se pudieron encontrar muchas pruebas que probasen la historia del legendario éxodo egipcio, en el que unos tres millones de hombres mujeres y niños hebreos vagabundearon en el desierto durante 40 años sin dejar el menor rastro. Ni siquiera una mísera bola de Matzá, el pan ácimo judío.
La historia del nuevo reasentamiento bíblico y del genocidio de los cananeos, que los israelitas contemporáneos imitan con tanto éxito, es otro mito. Jericó, la ciudad fortificada que fue destruida a toque de trompetas con la intervención sobrenatural del altísimo, era sólo un pequeño pueblecito durante el siglo XII a. de J.C.
Por mucho que Israel se considere a sí mismo como la reactivación del monumental reino de David y Salomón, la excavación que tuvo lugar en la vieja ciudad de Jerusalén durante los años setenta reveló que el reino de David no era más que un pequeño asentamiento tribal. Las pruebas que había aportado Yigal Yadin respecto al rey Salomón fueron refutadas más tarde con estudios forenses realizados con carbono 14. Estos incómodos hechos han quedado científicamente establecidos. La Biblia es un relato de ficción y no existe base alguna sobre la que pueda basarse cualquier gloriosa existencia del pueblo hebreo en Palestina en ningún momento.
¿Quién inventó a los judíos?
Ya desde el inicio de su texto, Sand plantea preguntas cruciales muy relevantes: ¿Quiénes son los judíos? ¿De dónde vinieron? ¿Cómo es que en períodos históricos diferentes aparecen en lugares muy distintos y remotos?
Aunque la mayoría de los judíos contemporáneos están totalmente convencidos de que sus antepasados son los israelitas bíblicos, que fueron brutalmente exiliados por los romanos, es preciso decir la verdad. Los judíos contemporáneos no tienen nada que ver con los antiguos israelitas, que nunca fueron enviados al exilio porque dicha expulsión nunca tuvo lugar. El exilio romano es otro mito judío.
“Empecé a buscar estudios de investigación sobre el exilio”, ha dicho Sand en una entrevista concedida al Haaretz [11], “pero descubrí con asombro que no existe ninguna literatura al respecto. La razón es que nadie exilió al pueblo de este país. Los romanos no exiliaron gente y no podrían haberlo hecho incluso si hubieran querido. Carecían de trenes y camiones para deportar a poblaciones enteras. Ese tipo de logística no existió hasta el siglo XX. Mi libro nació, efectivamente, de una constatación: de la certeza de que la sociedad judaica no fue ni dispersada ni exiliada.”.
Además, a la luz de la simple introspección de Sand, la idea del exilio judío resulta graciosa. Puede que el hecho de pensar que la armada imperial romana se dedicaba veinticuatro horas por día, siete días por semana a transportar dificultosamente a Moishe’le y a Yanka’le hasta Córdoba y Toledo sirva para que los judíos se sientan importantes y transportables, pero el sentido común sugiere que los romanos tenían cosas más importantes que hacer.
Sin embargo, mucho más interesante es el resultado lógico: si el pueblo de Israel no fue expulsado, entonces los verdaderos descendientes de los habitantes del reino de Judá deben ser los palestinos.
“Ninguna población permanece pura durante un período de miles de años”, dice Sand [12]. “Pero las posibilidades de que los palestinos sean descendientes del antiguo pueblo judaico son mucho mayores que las de que usted o yo seamos sus descendientes. Los primeros sionistas, hasta la Sublevación Árabe (1936-1939) sabían que no había habido exilio y que los palestinos eran los descendientes de los habitantes del territorio. Sabían que los campesinos no se van hasta que se los expulsa. Incluso Yitzhak Ben-Zvi, el segundo presidente del Estado de Israel, escribió en 1929 que “la mayoría de los campesinos no descienden de los conquistadores árabes, sino más bien de los campesinos judíos, que eran numerosos y mayoritarios en la construcción del territorio.”
En su libro, Sand va aún más lejos y sugiere que hasta el primer Levantamiento Árabe (1929), los denominados líderes sionistas izquierdistas tenían tendencia a creer que los campesinos palestinos, que son en realidad “judíos por su origen”, se asimilarían en el interior de la emergente cultura hebrea y terminarían por unirse al movimiento sionista. Ben Borochov creía que “un falach (campesino palestino) si se viste como un judío y se comporta como un judío de la clase trabajadora, no se diferencia en nada de los judíos”. Esta misma idea reapareció en el texto de Ben Gurion y Ben-Zvi en 1918. Ambos líderes sionistas se dieron cuenta de que la cultura palestina está impregnada de huellas bíblicas, tanto desde el punto de vista lingüístico como geográfico (nombres de aldeas, pueblos, ríos y montañas). Ben Gurion y Ben-Zvi, al menos en un principio, consideraban a los palestinos nativos como parientes étnicos que permanecían apegados a la tierra y eran hermanos potenciales. También consideraban el islam como una amistosa “religión democrática”. Claramente, después de 1936, tanto Ben Gurion como Ben-Zvi diluyeron su entusiasmo “multicultural”. En lo que respecta a Ben Gurion, la limpieza étnica de los palestinos le pareció mucho más atractiva.
Vale la pena plantear la pregunta: si los palestinos son los auténticos judíos, ¿quiénes son esos que insisten en llamarse a sí mismos judíos?
La respuesta de Sand es bastante simple, pero está cargada de sentido. “El pueblo no se diseminó, fue la religión judía la que se diseminó. El judaísmo era una religión de conversos. Contrariamente al sentir popular, el judaísmo inicial adoraba convertir a los demás.” [13].
Es evidente que las religiones monoteístas, al ser menos tolerantes que las politeístas, tienen un ímpetu de expansión. El expansionismo judaico en sus primeros días no sólo era similar al cristianismo, sino que fue el expansionismo judaico quién plantó las semillas de la diseminación en el pensamiento y en la práctica cristianos iniciales.”Los hasmoneos”, dice Sand [14], “fueron los primeros en contribuir con un gran número de conversos a la masa judía, y ello bajo la influencia del helenismo. Fue esta tradición de las conversiones lo que preparó el terreno para la posterior diseminación de la cristiandad. Tras la victoria de la cristiandad en el siglo IV, la tendencia a la conversión al judaísmo se detuvo en el mundo cristiano y hubo un descenso importante en el número de judíos. Es probable que muchos de los judíos del entorno mediterráneo se convirtieran en cristianos. Pero entonces el judaísmo empezó a permear otras regiones paganas, tales como el Yemen y África del Norte. Si el judaísmo no hubiera continuado su avance en aquel momento convirtiendo pueblos del mundo pagano, habría seguido siendo una religión completamente marginal, caso de haber sobrevivido.”
Los judíos de España, que creemos relacionados mediante lazos de sangre con los israelitas iniciales, parecen ser bereberes convertidos. “Me pregunté a mí mismo”, dice Sand, “como fue que aparecieron en España unas comunidades judías tan numerosas. Entonces vi que Tariq ibn Ziyad, el comandante supremo de los musulmanes que conquistaron España, era berebere, y que la mayor parte de sus soldados eran bereberes. El reino berebere judío de Dahlia al-Kahima había sido derrotado sólo 15 años antes. Y la verdad es que un cierto número de fuentes cristianas dicen que muchos de los conquistadores de España eran conversos judíos. La fuente más profunda fe la gran comunidad judía de España eran aquellos soldados bereberes que se convirtieron al judaísmo.”
Como era de esperar, Sand aprueba la ampliamente aceptada asunción de que los kazarios judaizados constituyeron los principales orígenes de las comunidades judías de la Europa del Este, que él denomina la Nación Yiddish. Cuando se le preguntó cómo fue que llegaron a hablar el yiddish, que está considerado como un dialecto medieval alemán, respondió: “Los judíos eran un pueblo que dependía de la burguesía alemana en el Este, así que adoptaron palabras alemanas”.
En su libro, Sand ofrece una enumeración detallada de la saga kazaria en la historia judía. Explica qué fue lo que condujo al reino kazario hacia la conversión. Teniendo en cuenta que el nacionalismo judío está liderado en su mayor parte por una elite kazaria, puede que debamos expandir nuestro conocimiento íntimo de este grupo político tan único e influyente. La traducción de la obra de Sand a otras lenguas es una necesidad inmediata (la traducción francesa está a punto de aparecer, tal como se dice en Are the Jews an invented people?, de Eric Rouleau .
¿Qué viene a continuación?
El profesor Sand nos deja con la inevitable conclusión: los judíos contemporáneos no tienen un origen común y su origen semita es un mito. Los judíos no se originan en Palestina de ningún modo y, por lo tanto, su denominado “retorno” a su “tierra prometida” debe considerarse como una invasión ejecutada por un clan ideológico tribal.
Sin embargo, a pesar de que los judíos no constituyen una raza, por alguna razón parecen tener una orientación racial. Es de señalar que muchos judíos todavía consideran el matrimonio mixto como la mayor amenaza. Además, a pesar de la modernización y la laicidad, la mayoría de quienes se identifican como judíos laicos siguen sucumbiendo al ritual de la sangre, la circuncisión, un procedimiento religioso único en el que un Mohel, el ejecutante, chupa la sangre del circuncidado.
En lo que respecta a Sand, Israel debe convertirse en “un Estado de sus ciudadanos”. Al igual que Sand, yo también comparto la misma visión utópica futurista. Sin embargo, contrariamente a Sand, considero que el Estado judío y los grupos de presión que lo apoyan han de ser ideológicamente derrotados. La hermandad y la reconciliación son ajenos a la visión del mundo tribal de los judíos y no caben en el concepto de resurgimiento nacional judío. Por muy terrible que suene, antes de que los israelíes puedan adoptar una noción moderna y universal de la vida civil será necesario un proceso de desjudeización.
No cabe duda de que Sand es un extraordinario intelectual, probablemente el pensador izquierdista israelí más avanzado. Representa la forma más elevada de pensamiento que un israelí laico puede alcanzar antes de retroceder o de incluso desertar al lado palestino (lo cual es algo que ha sucedido con unos pocos, yo incluido). Ofri Ilani, el entrevistador del Haaretz, dijo de Sand que contrariamente a otros “nuevos historiadores” que han tratado de socavar las asunciones de la historiografía sionista, “Sand no se contenta con retroceder a 1948 o a los principios del sionismo, sino que retrocede miles de años”. Es así, contrariamente a los “nuevos historiadores”, que “desvelan” una verdad que cualquier niño palestino conoce, es decir, la verdad de que están siendo objeto de una limpieza étnica, Sand erige un corpus de obra y pensamiento que busca la comprensión del significado del nacionalismo judío y de la identidad judía. Ésa es la esencia verdadera de la erudición. Más que reunir fragmentos históricos esporádicos, Sand busca el significado de la historia. Más que un “nuevo historiador” que busca un nuevo fragmento, es un auténtico historiador motivado por una tarea humanista. Contrariamente a algunos de los historiadores judíos que contribuyen al denominado discurso de izquierda, la credibilidad y el éxito de Sand se basan en sus argumentos más que en sus antecedentes familiares. Evita adornar sus argumentos con sus parientes que sobrevivieron al holocausto. Al leer los feroces argumentos de Sand uno debe admitir que el sionismo, con todos sus defectos, ha logrado erigir en el interior de sí mismo un discurso orgulloso y autónomo que es mucho más elocuente y brutal que la totalidad del movimiento antisionista en el mundo entero.
Si Sand tiene razón, y estoy convencido de que la tiene, los judíos no son una raza sino un colectivo de mucha gente ampliamente secuestrada por un movimiento nacional fantasmático tardío. Si los judíos no son una raza, no forman un grupo racial y no tienen nada que ver con el semitismo, el antisemitismo es, categóricamente, un significante vacío. Claramente se refiere a un insignificante que no existe. En otras palabras, nuestra crítica del nacionalismo judío, de los grupos de presión judíos y del poder judío sólo pueden concebirse como una crítica legítima de ideología y de práctica.
Lo repito de nuevo, no estamos y nunca lo estuvimos contra los judíos (el pueblo) ni tampoco contra el judaísmo (la religión); estamos contra una filosofía colectiva de claros intereses globales. Algunos pueden preferir llamarla sionismo, pero yo prefiero no hacerlo. El sionismo es un significante demasiado estrecho para comprender la complejidad del nacionalismo judío, su brutalidad, su ideología y su práctica. El nacionalismo judío es un espíritu y los espíritus no tienen fronteras bien delimitadas. De hecho, ninguno de nosotros sabe exactamente dónde termina la judeidad y dónde empieza el sionismo, de la misma manera que no sabemos dónde terminan los intereses israelíes y donde empiezan los intereses de los neocons.
En lo que respecta a la causa Palestina, el mensaje es devastador. Nuestros hermanos y hermanas palestinos están en la vanguardia de una lucha contra una filosofía devastadora. Pero está claro que no son sólo los israelíes, a quienes se enfrentan con valiente pragmatismo, quienes inician conflictos globales de escala gigantesca. Se trata de una práctica tribal que busca la influencia en los pasillos del poder y del superpoder. El American Jewish Committee busca una guerra contra Irán. Sólo para situarse en el lado seguro, David Abrahams, un “amigo laborista de Israel”, dona dinero por delegación al Partido Laborista. Más o menos al mismo tiempo, 2 millones de iraquíes mueren en una guerra ilegal diseñada por alguien llamado Wolfowitz. Mientras que todo esto ocurre, millones de palestinos pasan hambre en campos de concentración y Gaza está al borde de una crisis humanitaria. Mientras esto ocurre, judíos “antisionistas” y judíos de izquierda (Chomsky incluido) insisten en neutralizar las críticas contra el AIPAC, el grupo de presión judío y el poder judío de Mearcheimer y Walt [15].
¿Es sólo Israel? ¿Es realmente sionismo? ¿O debemos admitir que es algo mucho mayor de lo que podemos contemplar dentro de las fronteras intelectuales que nos imponemos a nosotros mismos? Tal como están las cosas, carecemos del coraje intelectual para enfrentarnos al proyecto nacional judío y a sus muchos mensajeros en todo el mundo. Sin embargo, como todo es cuestión de invertir conciencias, las cosas van a cambiar pronto. De hecho, este texto ha sido escrito para probar que ya están cambiando.
Defender a los palestinos es salvar el mundo, pero para hacerlo hemos de tener suficiente coraje como para admitir que no se trata meramente de una batalla política. No es sólo Israel, su ejército o su dirigencia; no son tampoco Dershowitz, Foxman y sus ligas silenciadoras. Se trata de una guerra contra un espíritu canceroso que ha secuestrado a Occidente y, al menos de momento, lo ha desviado de su inclinación humanista y de sus aspiraciones atenienses. Luchar contra un espíritu es mucho más difícil que luchar contra gente, precisamente porque quizás sea necesario luchar primero contra sus huellas dentro de uno mismo. Si queremos luchar contra Jerusalén primero tendremos que confrontar a la Jerusalén que llevamos dentro. Puede que tengamos que situarnos frente al espejo y mirar alrededor. Puede que tengamos que buscar rastros de empatía en nuestro interior, si es que todavía nos queda alguno.
Traducido por Manuel Talens.
Notas
[1] When And How The Jewish People Was Invented?, Shlomo Sand, Resling 2008, p. 11.
[2] http://www.haaretz.com/hasen/spages/966952.html
[3] When And How The Jewish People Was Invented?, Shlomo Sand, Resling 2008, p. 31.
[4] Ibid, p. 31.
[5] Ibid, p. 42.
[6] Ibid.
[7] Ibid, p. 62.
[8] Ibid.
[9] http://www.haaretz.com/hasen/spages/966952.html
[10] When And How The Jewish People Was Invented?, Shlomo Sand, Resling 2008, p. 117.
[11] http://www.haaretz.com/hasen/spages/966952.html
[12] Ibid.
[13] Ibid.
[14] Ibid.
[15] http://www.lrb.co.uk/v28/n06/mear01_.html
Fuente:
http://palestinethinktank.com/2008/09/02/gilad-atzmon-the-wandering-who/
El ex judío Gilad Atzmon es músico, escritor y activista propalestino.
miércoles, 27 de agosto de 2008
Irán avanza en su programa espacial y lanza un cohete portasatélites y algo de historia.

¿Y qué esperaban? Nos comunicaban las agencias informativas hace unos días que Irán ha lanzado un cohete capaz de enviar a la órbita terrestre un satélite de comunicación. Esto quiere decir que Irán está desarrollando una fuerte tecnología con medios propios y un parte proveniente de países como China o Rusia. Irán, la gran Persia, despertó de su letargo y comienza un gran apogeo como antaño.
El lanzamiento del satélite, en imágenes de la televisión árabe Al-Alam. (Foto: AFP | AL-ALAM)

Irán se siente orgullosa de su primer paso para ser partícipe del espacio ya que este cohete le supondrá colocar en órbita sus propios satélites, algo que EEUU no se esperaría nunca. Imaginen una sociedad cuya población no sabría situar siquiera donde se encuentra Irán en un mapa. Tienen en mente a un pueblo pastoril e inculto que ha olvidado su pasado. Y casi lo hicieron después de todos los tormentos que el Imperio Usa les ha hecho pasar. Sin desvariar mucho del tema, quisiera hacer mención que esta puesta en escena y desarrollo de tencnología espacial les va a llevar a USA a acusar a Irán de cualquier otra tontería absurda. El miedo a enfrentarse con este gigante dormido se les refleja en sus inertes rostros de avaricia y poder. Obviamente Irán apostará por potenciar, además de satélites de telecomunicaciones, la construcción de armas estratégicas que podrán hacer impacto en cualquier lugar del mundo. Esta misma tecnología la tienen los norteamericanos y muchos países, y parece claro que no quieren competidores. La llevan clara.
Irán, cuyo potencial tecnológico es inimaginable está poniendo entre la espada y la pared a aquellos que en su día hicieron lo contrario con el pueblo iraní. Tecnología nuclear, espacial, misiles de desarrollo propio, armas inteligentes, … etc, quien se lo iba a decir a los superdotados occidentales.
No es de extrañar el odio permanente que siente el pueblo de Irán hacia los Estados Unidos. Es totalmente lógico. Incluso me pareció patético las declaraciones de un político norteamericano cuando se preguntaba con cara de niño inocente, del porque Irán odiaba tanto a América. Son falsos con ellos mismos, imagínense con el resto del mundo.
Sencillamente habría que retroceder algo en el tiempo tampoco mucho. Aquellos días en los que Estados Unidos formó su gobierno títere en Irán, colocando en el poder a un rey imbécil, conocido como el Sah.

Enseñado en las costumbres occidentales, terminó siendo corrupto como el que más, derrochador de lujos, viviendo como el mejor mientras el pueblo literalmente se moría de hambre. Incluso USA comenzó un programa de energía nuclear en este país, mientras se llevaban el oro negro sin ningún tipo de control ni beneficio para sus verdaderos propietarios. Esa situación fue precisamente la que llevó a la aparición de la revolución islámica y al fanatismo extremo. Creado por los propios usurpadores y que ahora lo toman como excusa internacional para combatir un terrorismo que no existe. El pueblo expulsa al Sah (el dictador de nombre Mohammad Reza Pahlevi) y comienza la revolución islámica de Jomeini.
Tras la pérdida de este país de su control, Estados Unidos, permite que Saddam Husein dé un golpe militar en Irak, un país vecino a Irán, con fuentes petrolíferas, gas y una situación geopolítica excelente. Pero no contentos con esto, arman a Saddam Husein para que comience una guerra contra Irán, para tratar de hacerse con el control de nuevo, disimuladamente desde luego, como siempre lo han hecho, que no se les vea partícipes directos en la acción. Hacen que los persas sean invadidos por árabes aunque compartan la misma religión.
Irán tras la revolución y recién salida de una dictadura y una pobreza extrema, ni siquiera tiene armas para defenderse del ataque de Irak. Pierden territorio rápidamente pero entonces ocurre lo inesperado para todos. La infantería iraní aunque muy superior en número carece de suficientes armas, así que hacen una técnica de desbordamiento (cuyo nombre en persa no logro recordar para mi pesar). Una técnica de los antiguos guerreros persas que consiste en lanzarse en tropel de miles sobre las posiciones enemigas. De esta forma, el ejército irakí no podía cubrir la defensa, y en algunos casos se quedaban sin municiones. Se estima que un millón de soldados iraníes sucumbieron por esta heroica acción. Y la recompensa fue recuperar su territorio, tomar posiciones, recoger el armamento abandonado por los irakíes y que algunos países miraran con otros ojos a Irán tras su victoria. Y de este modo conseguir armas para poder defenderse.
Estados Unidos no daba crédito a lo que estaba sucediendo, así que para animar más el ambiente de muerte en Irán, envía a Saddam Husein, armas químicas que prueba sin ningún tipo de pudor sobre el ejército iraní y población civil, causando, imagínense el consiguiente desastre. Pero no contentos la administración norteamericana, les envía misiles, tanques, armas modernas. Y ni aún así, Saddam Husein logra derrotar a los soldados persas. Craso error. Esto y mucho más fue lo que aportó Estados Unidos a Irán. Y se siguen preguntando con todo el descaro del mundo. ¿Por qué Irán nos odian tanto?.
JJCF
martes, 26 de agosto de 2008
Biden: El lobby judío le puso un vicepresidente a Obama
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(IAR Noticias) 25-Agosto-08
Luego de que su candidata favorita electoral Hillary Clinton entrara en desgracia electoral, el lobby judío "liberal" (léase los grupos financieros sionistas que controlan la Reserva Federal, y mantienen una influencia gravitante sobre el Congreso de EEUU y la Casa Blanca) decidió potenciar a Obama con generosos flujos de dinero para su campaña y una cobertura de gran proyección en las principales cadenas mediáticas de EEUU y de Europa, también bajo su control. Todo fue bien salvo dos cosas: Obama no encuentra un perfil claro para diferenciarse en su discurso de su parecido simbiótico con el decadente MacCain, el candidato republicano (impulsado por el lobby judío conservador que hoy controla la Casa Blanca) y sus asesores no saben como contrarrestar su imagen de "debilidad e inexperiencia" en política exterior. Informe especial En consecuencia, eliminada Hillary (por perdedora), los estrategas del lobby salieron a buscar a un "alma gemela" de Obama para que lo salve de su Talón de Aquiles cada día más acentuado: Temblequeos verbales y total desconocimiento del manejo de la política exterior norteamericana, el corazón estratégico de las andanzas depredadoras del Imperio por el planeta. El lobby le tolera todo: Que sea un "blanquinegro" (mitad negro, mitad blanco) advenedizo con raíces "musulmanas" y con solamente un "curso acelerado" de oportunismo electoral en su breve paso como senador, que tenga a un pastor de cabecera "antiblanco" y admirador de los panteras negras, que tenga una mujer negra que también cuestiona el poder blanco, etc, pero el lobby no puede tolerar (ni admitir) a un candidato presidencial que no sepa conducir la "guerra contraterrorista" y poner en caja a los "Estados bandidos" con Irán a la cabeza. En una palabra, al lobby le venía haciendo falta una reencarnación de Cheney para ponerlo al lado de Obama como vicepresidente, o sea, como el verdadero "poder en las sombras". En resumen, se necesitaba un sionista de alto vuelo con experiencia acreditada en política exterior (léase depredación imperial-militar-capitalista a escala planetaria) y apareció la "persona indicada" desde el más alto nivel del sionismo parlamentario: Joseph Biden. Biden no es judío, pero es practicante devoto a tiempo completo de la religión sionista, a tal grado, que empalidece a otros militantes originarios de la causa pro-israelí en el aparato de poder norteamericano. Biden, quien preside por segunda vez el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EEUU, es un miembro "liberal" de la poderosa derecha catolica aliada del lobby sionista que (en su vertiente conservadora y liberal) controla Wall Street, los bancos de la Reserva Federal y el Complejo Militar-Industrial. Esto lleva a que el lobby (con sus corporaciones y bancos) se convierta en directo beneficiario de las políticas de conquista de mercados (por vía militar o "democrática") de la Casa Blanca. Esto nos remite a una p rimera conclusión probada en forma histórica y estadística: En EEUU, la potencia locomotora del capitalismo sionista a escala global, no gobiernan los presidentes o los partidos, sino la élite económica-financiera (el poder real) que controla la Reserva Federal, el Tesoro, Wall Street, el Complejo Militar Industrial y Silicon Valley.Y hay una segunda conclusión también probada en forma histórica y estadística: La política exterior y la política interna de EEUU (los niveles de decisión) no la dirigen los presidentes ni los partidos sino el establishment económico-financiero que controla la Casa Blanca y el Congreso a través de sus "lobbyes" y operadores que actúan sobre los partidos, los legisladores, los funcionarios y condicionan las decisiones presidenciales. Y el lobby "motor de todos los lobbyes", es el lobby sionista manejado desde la AIPAC y el Consejo Judío Mundial.
Allí militan tanto MacCain como Obama, que tuvo que hacer un curso acelerado de "convicción sionista" jurando de apuro fidelidad a Israel en Tel Aviv y el foro de la AIPAC. Demócratas (lobby sionista liberal) y republicanos (lobby sionista conservador) se turnan en la administración del Imperio: Cuando asumen la presidencia los republicanos (como ahora), los demócratas juegan de "oposición crítica", y viceversa, sin que varíen para nada las matrices funcionales del sistema capitalista estadounidense basamentado en la conquista imperial de mercados y de recursos estratégicos, ya sea por la vía militar (invasiones) o por la vía "democrática" (gobiernos sometidos). Tomemos dos ejemplos "alternativos" inmediatos: El "malo" Bush (republicano) invadió y conquistó Irak y Afganistán, y el "bueno" Clinton (demócrata) su predecesor, bombardeó y conquistó Yugoslavia (hoy Serbia) y ejecutó los primeros bombardeos contra Irak, preparatorios de la invasión posterior. Terminada las luces artificiales de la campaña electoral, demócratas y republicanos dejan de agredirse y se complementan en un diseño de política estratégica de Estado en defensa de los intereses de las grandes corporaciones económicas que marcan el accionar de las políticas internas y de la conquista de mercados encubierta en las "guerras preventivas" contra el "terrorismo". En la falsa guerra electoral MacCain-Obama permanecen las mismas raíces funcionales: El que gane "administrará" el Imperio para los intereses del lobby sionista que controla los resortes estratégicos de la primera potencia imperial-capitalista de la Tierra. Y Joseph Biden, un líder parlamentario del sionismo liberal está para cumplir dos misiones si los demócratas ganan la presidencia en noviembre: Controlar a Obama y mantener la política exterior norteamericana al servicio de los grandes bancos y corporaciones del lobby.
Perfil de un sionista confeso Joe Biden, de 65 años, llegó al Congreso con sólo 30 años, lo que le convirtió en el quinto senador más joven de la historia de EEUU. Más tarde sería reelegido fácilmente en cinco oportunidades consecutivas en 1978, 1984, 1990, 1996 y 2002. Desde ese puesto estratégico, Biden fue un puntal de las operaciones internacionales del lobby sionista: El bombardeo y conquista de la ex Yugoslavia (hoy Serbia), Kosovo y la conquista de Los Balcanes, el apoderamiento de las repúblicas soviéticas (Georgia, Ucrania, etc), las invasiones a Irak y Afganistán, y la "guerra contraterrorista" utilizada como argumento para invadir países, lo tuvieron al hoy candidato a vicepresidente como un protagonista fundamental. Durante el conflicto de los Balcanes (como enviado del Senado) hizo varios viajes a la región y su consejo fue fundamental a la hora de convencer al presidente Bill Clinton de utilizar la fuerza militar para derrocar a Slobodan Milosevic, una barrera para la conquista sionista de los mercados de la Europa del Este post-soviética. Como corresponde, y tras los "atentados terroristas" del 11 de septiembre de 2001, se plegó a la "guerra contraterrorista" de George W. Bush y el lobby de los sionistas neocon liderado por Cheney, operando desde el Senado la invasión a Afganistán y la conquista militar de Irak con la eliminación de Saddam Hussein, la principal piedra en el camino para el lobby sionista en Medio Oriente. En octubre de 2002 impulsó la votación de los demócratas a favor de la resolución que autorizaba la administración Bush a utilizar la fuerza contra Irak. Su apoyo fue crucial y determinante al tratarse del presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. En el año 2007 el Senador Biden, en colaboración con el presidente del Council on Foreign Relations (una supra entidad sionista internacional) , Leslie Gelb, propuso un plan de partición de Irak inspirado en las tesis sionistas de remodelación y control del Medio Oriente. La idea de que Israel debería dividir (divide y reinarás) en pequeñas unidades a todos los Estados árabes se encuentra una y otra vez en el pensamiento histórico-estratégico israelí. Ze’ev Schiff, el corresponsal militar del diario israelí Ha’aretz (y un experto en el tema) dio como ejemplo de lo mejor que le podría suceder a Israel: “La disolución de Irak en un estado chií, un estado sunní y la separación de la zona kurda”. En esa esencia abreva el plan de partición de Irak presentado por Biden, el que, si Obama gana la presidencia en noviembre, está destinado claramente a convertirse en la "reencarnación de Cheney" en versión liberal. El año pasado, el Senador Biden, entrevistado por la cadena de TV Shalom, una importante red judía de televisión por cable en EEUU, llamó a Israel "la mayor y única fortaleza de EEUU en Oriente Medio". “Soy sionista”, confesó el senador Biden. "No necesitas ser judío para ser sionista”. Obama está en buenas manos. |
domingo, 24 de agosto de 2008
miércoles, 20 de agosto de 2008
Un 58% de los españoles considera al euro un 'lastre' para la economía
* El 26,6% cree que, con la crisis, a España le convendría volver a la peseta
JUAN EMILIO MAÍLLO (El Mundo)
MADRID.- El euro ha salido demasiado caro. Ésta es la tesis que mantienen un buen número de españoles sobre los efectos que la moneda única ha tenido sobre la economía española desde su llegada a nuestras casas, el 1 de enero de 2002. Es, al menos, una de las conclusiones que ofrecen los datos de la encuesta elaborada por Sigma Dos para EL MUNDO en relación con la opinión que los españoles tienen sobre el euro.
El estudio revela que un 58% de los ciudadanos opina que la nueva moneda ha supuesto un lastre para el crecimiento y la modernización de la economía española. Los más quejosos son las mujeres (67%) y, curiosamente, los jóvenes (64,6% de los menores de 29 años). Entre los hombres hay prácticamente igualdad entre los que sostienen que ha sido una ayuda (46,9%) y los que dicen que ha sido un lastre (48,7%).
En lo que hay absoluta unanimidad es a la hora de culpar al euro de la inflación. El 96,7% dice que, con la nueva moneda, han subido los precios. Estas impresiones negativas contribuyen a que uno de cada cuatro encuestados (26,6%) considere que, en la actual coyuntura de crisis, a España le convendría abandonar el euro y recuperar la peseta.
Sorprende, en este punto, que el colectivo de gente que tiene de 18 a 29 años, que en la anterior crisis —la de 1993— tenían entre 3 y 14 años, sean los más proclives (35,5%) a recuperar la peseta, frente al 20% de las personas de más de 30 años.
La peseta, que desapareció físicamente de nuestras vidas hace más de seis años, sigue en nuestra mente: dos de cada tres españoles siguen contando en pesetas. Un 25,3% lo hace siempre y un 39% únicamente con las grandes cifras. En este caso, el factor edad juega en favor de los jóvenes: un 42,2% nunca hace sus cálculos en pesetas, frente a sólo un 30,2% de los encuestados de entre 45 y 64 años.
Los ciudadanos también opinan sobre algunos de los asuntos debatidos en los últimos tiempos en el seno de la Unión Europea. El 77,1% de los encuestados rechaza que se cree el billete de un euro, mientras el 58,4% apoya la idea de suprimir las monedas de uno y dos céntimos.
Y de las más pequeñas al más grande, el billete de 500. Al menos una unidad de los conocidos como bin laden ha pasado por las manos del 74,2% de los españoles. Los hombres (81%) han tenido en este caso más fortuna que las mujeres (67,7%), y los votantes del PP (78,9%) más que los del PSOE (72,3%) e Izquierda Unida (72,7%). Y luego está la nostalgia: el 60,5% de los ciudadanos conserve aún en su poder unidades de las viejas pesetas.
Nota desvelandolaverdad: ¿Por qué nos hicieron pasar un referendum sobre la Constitución Europea y no sobre si queriamos pertenecer a Europa y si quieramos la nueva moneda? A principios del siglo XX, los grandes bancos mundiales intentaron crear la Liga de Naciones en Europa (es decir, una comunidad económica europea) pero en aquel entonces los países y sus habitantes optaron por mantener su independencia jurídica, política económica, cultural y personalidad propia. Ahora nos han convertido en "productores" europeos" donde hay una Europa muy fuerte económicamente que afecta primordialmente a las grandes corporaciones (empresas) y bancos que son los que han hecho millones de euros provenientes de los bolsillos de nosotros "los productores". Ahora los sueldos apenas llegan para adquirir necesidades básicas, pagar las desorbitadas coutas de las hipotecas y viajar se ha convertido en algo fuera de lo común. Está claro que el control total lo están basando en el control del dinero, el trabajo y los sueldos. Están haciendo que las personas se conviertan en adoradores de algo tan supérfluo y virtual como el llamado "dinero". Quieren integrar a todos los países en Europa. Todos seremos europeos, ya no habrá alemanes, ingleses, franceses, españoles,etc, todos europeos. ¿Dónde quedará la huella personal de cada pueblo? ¿Dónde se sumergerá la historia personal de cada nación? ¿Europa? Sí, pero continente no como país aglutinador de países para control absoluto. Soy español (espero que por decir esto nadie piense que soy un "facha" que por cierto es lo que se han preocupado de hacer ver los llamados "partidos nacionalistas independentistas" (esos por cierto, son más fachas que el propio Franco, incluso los llevaría en sus filas). Soy español, y seguiré despreciando esa bandera azul de estrellitas (analoga al imperio destructor y posesivo que está corroyendo este mundo, los EEUU). Seguiré pisando con gusto esa bandera que trata de imponerse a cualquier ideal bajo una libertad "democrática"; de risa vamos. Por último, aunque aquí podría enumerar cientos de puntos muy calientes sobre el tema, antes EEUU tenía algunos países satélites en Europa (con el tema de la guerra fría), ahora ha conseguido un "continente" satélite bajo su dominio y sumiso en todas sus variantes. - JJ.
martes, 19 de agosto de 2008
Comparativa visual de planetas y estrellas
Porqué Rusia no quiere resignar el control militar sobre Georgia y el Cáucaso
(IAR Noticias) 19-Agosto-08
A partir del control militar de Georgia y del Cáucaso, Moscú se posiciona claramente en tres escenarios: El control del estratégico oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC), una negociación por separado con Alemania y Francia que produce una fisura en las relaciones USA-UE con el petróleo del Caspio como protagonista, y el envío de una clara advertencia (especialmente para Ucrania, Polonia y Rep. Checa) de que Moscú puede extender la lección de Georgia a otros enclaves pro-EEUU del espacio postsoviético.
Por Manuel Freytas (*) E l desarrollo de la etapa post-bélica demuestra que el gobierno de Moscú está buscando (al mejor estilo de Putin) un "equilibrio" entre el cumplimiento de la "formalidad diplomática" del acuerdo de alto el fuego suscripto con Georgia (con mediación de Francia) con una profundización del control militar estratégico que hoy detenta sobre la región del Cáucaso y Georgia. Para el Kremlin y su Estado Mayor la cuestión estaría clara: Después de la derrota de Georgia (un Estado títere de Washington), la región no puede volver a su status anterior de presión militar de la OTAN y hegemonía encubierta de EEUU. Con el reforzamiento del cerco militar sobre Georgia, Rusia controla de hecho el estratégico oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC), una llave de acceso del petróleo del Caspio hacia Europa, que Moscú ya estaría barajando como herramienta para negociar un "nuevo orden regional" que lo tenga como protagonista central. Según agencias rusas y "occidentales" el presidente ruso, Dmitri Medvedev, le comunicó este domingo a su homólogo francés, Nicolás Sarkozy, en conversación telefónica, que el lunes comenzará la "retirada" de las tropas rusas desplegadas en Georgia, aunque no precisó la modalidad ni el calendario del retiro total. Según la interpretación de algunos analistas rusos, pese a que se realizará un retiro gradual y formal de las tropas, los enclaves estratégicos de control militar de la región no se desmontarán aunque el Kremlin haya firmado "oficialmente" el acuerdo del cese al fuego al que el canciller francés definió como un "pedazo de papel". De acuerdo con esas interpretaciones, las claves de ese dispositivo de control militar estratégico cuenta con tres emplazamientos : Osetia del Norte y la frontera rusa por el norte, Osetia del Sur, como centro de proyección a Tiflis, y la Flota del Mar Negro, como plataforma de monitoreo del movimiento aéreo y portuario de Georgia. En ese escenario, la estrategia de Moscú estaría orientada a "ganar tiempo" con retiros parciales y lentos de tropas para cubrir las reglas "diplomáticas", manteniendo y fortificando el dispositivo militar de "cerco" sobre Georgia y el resto de la región. Pero la estrategia rusa ya generó una reacción en EEUU y la Unión Europea, que por ahora se muestran impotentes y sin medidas claras para neutralizar la operación de Moscú.
Tanto Washington como su Estado títere de Georgia, calificaron de "ambigua y confusa" la promesa de retiro reiterando sus advertencias de que las tropas rusas de combate deben abandonar de inmediato y sin más preámbulos el territorio georgiano y las provincias separatistas de Osetia del Sur y de Abjasia, o Moscú deberá enfrentar un aislamiento internacional. Un comunicado del Estado Mayor militar ruso precisó aún más los alcances de la decisión rusa. En el comunicado, la plana mayor militar del Kremlin precisó que la retirada de las tropas rusas de Georgia será "gradual" e insistió en la necesidad de que éstas continúen cumpliendo con su "misión de paz" en la zona de conflicto. El general Anatoli Nogovitsin, subjefe del Estado Mayor del Ejército ruso, añadió que las tropas rusas también se ocupan de liquidar las secuelas de la catástrofe humana provocada por la guerra. "En estos momentos, las tropas rusas mantienen el control sobre tres ciudades georgianas (Gori, Senaki y Zugdidi), además de mantener el cerco sobre el puerto de Poti, en el Mar Negro, con la Flota Rusa monitoreando todos los movimientos", precisó. "La principal tarea de las tropas rusas de paz y de las unidades del 58 Ejército en la zona de conflicto es estar en permanente alerta para cumplir con sus misiones de pacificación", aseguró en una rueda de prensa el general Anatoli Nogovitsin. Hay que puntualizar que -según medios y analistas rusos- Moscú sostiene que la fracasada invasión de Georgia del Sur tenía como objetivo una intervención de la ONU y el despliegue de "fuerzas de paz" que marginaría a las fuerzas rusas de la función que cumplían en la región en el marco del la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que aglutina a las ex repúblicas soviéticas. El fracaso de la invasión de Georgia a Osetia del Norte, y el posterior contraataque y despliegue de sus tropas, le permitió a Moscú la posibilidad de reposicionarse militarmente sobre Georgia y sobre el grifo petrolero del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC), desnudando el corazón estratégico del conflicto que no es otro que el control del flujo petrolero del Caspio hacia Europa. A partir del control militar de Georgia y del Cáucaso, Moscú se posiciona claramente en tres escenarios: El control del estratégico oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC), una negociación por separado con Alemania y Francia que produce una fisura en las relaciones USA-UE con el petróleo del Caspio como protagonista, y el envío de una clara advertencia (especialmente para Ucrania, Polonia y Rep. Checa) de que Moscú puede extender la lección de Georgia a otros enclaves pro-EEUU del espacio postsoviético. A su vez, el afianzamiento militar del control territorial y sobre el estratégico BTC le permite a Moscú presionar sobre la UE para la no aceptación de Georgia en la OTAN. Si Georgia ingresara a la OTAN se completaría el círculo de aislamiento de la Flota Rusa del Mar Negro. En los últimos años, países post-soviéticos que tienen costas en el Mar Negro se integraron a la Alianza: en 2004 (además de Turquía) Rumania y Bulgaria se agregaron a la OTAN y estos dos últimos desde principios de 2007, además, se integraron a la Unión Europea. La estrategia de Washington buscaba (y busca) claramente el aislamiento de Rusia y su flota en la región. El dominio ruso del Mar Negro, además, tiene una clara incidencia geopolítica-militar sobre Irán y Turquía (una llave militar de EEUU) y juega un papel estratégico en el desarrollo del conflicto de Medio Oriente.
En las últimas horas la prensa rusa difundió versiones según las cuales Moscú podría amenazar con la interrupción del estratégico oleoducto que trasporta petróleo a Europa desde el Caspio y cuyas redes de tendido pasan a través de Georgia. En su nueva guerra fría por áreas de influencia con Moscú, EEUU construyó el BTC, un oleoducto que parte del Azerbaidjan y concluye en el Mediterráneo, en Turquía, para evitar el territorio de Rusia (e Irán), con el propósito claro de monopolizar la explotación y el transporte del petróleo y el gas asiáticos. Es la única tubería que lleva al continente europeo el crudo del Caspio sin pasar por Rusia e Irán, que hasta su construcción ostentaba el monopolio de los suministros de hidrocarburos procedentes de Asia Central. El oleoducto BTC, que empezó a funcionar en el 2006, se extiende a través de Chechenia y las provincias separatistas de Abjazia y Osetia del Sur en Georgia. Debido a su importancia geopolítica-militar y económica en la competencia por áreas de influencia con Rusia, EEUU proporcionó a Georgia multimillonarias cifras en ayuda económica, dotándola de armamento y equipamiento estadounidense de última generación en el espacio post-soviético. El BTC ha costado unos 3.600 millones de dólares (unos 2.370 millones de euros), que aportaron varias petroleras internacionales, entre las que se destacan British Petroleum y las norteamericanas Chevron y Conoco-Philips. De ser destruido o interrumpido el vital oleoducto, el monopolio de los suministros de petróleo volvería a la ruta rusa, a través de Bielorrusia y Ucrania. Puesto en funcionamiento en 2006, el BTC permite a Europa obtener diariamente 1,2 millones de barriles de crudo. Esta es la principal carta en la manga de Moscú para forzar a la Unión Europea (la principal perjudicada en caso de interrupción del flujo petrolero) a negociar un acuerdo al margen de Washington y de sus petroleras. Rusia, por medio de la anterior administración de Putin, inició una estrategia de apuntalamiento de sus relaciones con Europa a partir de su desarrollo con el petróleo y la energía. De la mano del gigante petrolero estatal ruso, Gazpron, Putin avanzó en acuerdos sectoriales con Alemania, Austria, Italia y Francia. Gazprom ya distribuye el gas en Italia, con Alemania mantiene un contrato de provisión de gas por el Báltico, y en Rusia le ha otorgado contratos a la Total francesa, rompiendo la hegemonía de las petroleras anglo-norteamericanas.El nuevo mapa de dominio regional del Cáucaso, y su virtual control militar de Georgia, posiciona a Moscú para avanzar hacia la consolidación de nuevos acuerdos energéticos con Europa produciendo una fisura en la alianza EEUU-UE con -todavía impensables-influencias en el mapa del poder regional.
****** (*) Manuel Freytas (manuelfreytas@iarnoticias.com) es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más referenciados de la red. |